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  • Sustentabilidad
  • 21 de agosto, 2025

Calles compartidas

Intervenciones para reducir la brecha en el acceso al espacio público.

Un análisis del Atlas de Espacios Verdes en Ciudades Argentinas que desarrollamos desde el equipo de Fractal, revela que el 12,4% de la población de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires reside a una distancia mayor al umbral recomendado para el acceso a espacios verdes públicos, establecido en 10 minutos a partir de estudios internacionales. Por lo cual, es posible mencionar que a más de 350.000 porteños les hace falta un parque o una plaza cerca de su vivienda.

De acuerdo a la “Guía para el diseño de calles urbanas”, las calles comprenden más del 80% del espacio público en las ciudades, pero a menudo no brindan a la población un entorno seguro para socializar en ellas, predominando los efectos negativos derivados del automotor: la contaminación sonora, la emisión de gases, etc.

Las calles compartidas

El diseño de calles compartidas puede llegar a ser una alternativa para la recuperación de la calle como un espacio comunitario, y a la vez reducir el efecto de la falta de espacios verdes públicos de cercanía. Estas intervenciones, combinan usos peatonales, ciclistas, sociales y paisajísticos para la disminución de la velocidad del tráfico de automotores, creando un espacio compartido entre diferentes actividades sobre la calle.

Esta idea, presente en “La iniciativa global de diseño de ciudades”, enriquece la red de espacios públicos, especialmente en áreas comerciales al fomentar actividades culturales y comerciales al aire libre, lo cual puede dinamizar diferentes zonas de la ciudad. En entornos residenciales, estas calles se transforman en una extensión de los hogares, promoviendo la interacción social y fortaleciendo lazos comunitarios, que redundan en un incremento de la seguridad ciudadana

Hay una serie de lineamientos a tener en cuenta a la hora de pensar qué calles pueden ser utilizadas para esta iniciativa. En particular, la Guía global de diseño de calles compartidas establece que para el diseño de estas calles se deben priorizar entornos viales en lugares de alta actividad peatonal y baja afluencia vehicular. A su vez, se deben utilizar calles secundarias, que no se encuentren afectadas por la red de transporte público y cuenten con un espacio suficiente para la convivencia de usos.

Calles compartidas en la Ciudad de Buenos Aires

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires cuenta con un conjunto de calles secundarias que podrían reconvertirse en calles compartidas. En particular, para este análisis consideramos aquellas calles, o tramos de calles, que:

  • Se encuentran a más de 500 metros de una plaza, parque o plazoleta.
  • No se encuentran afectadas a la red de colectivos
  • Tengan una extensión entre 200 y 500 metros, considerando como parámetro una caminata diaria.
  • No sean pasajes, senderos ni caminos, ni cuenten con elementos disuasorios como boulevards.

Así es posible distinguir 45 ubicaciones a lo largo de toda la ciudad que pueden ser transformadas en calles compartidas.

Posibles calles compartidas de CABA. Elaboración propia

 

Posibles calles compartidas por barrio. Elaboración propia

Al analizar la totalidad de calles compartidas por barrio, observamos una concentración en barrios del Norte y Sur de la Ciudad. Específicamente, cuando miramos al sur, encontramos que barrios como Villa Lugano, Villa Soldati, Mataderos y Nueva Pompeya presentan la mayor cantidad de calles y, a su vez, son zonas que encuentran dificultades para el acceso a espacios públicos de calidad. Por lo tanto, una intervención en estas áreas podría reducir sustancialmente la brecha de acceso existente.

Datos y herramientas

Si bien estamos a favor de las plazas y espacios verdes, este ejercicio nos permite pensar alternativas para mejorar las condiciones de acceso a espacios públicos de calidad a bajo costo.

Algo que buscamos demostrar con este ejemplo es cómo podemos pensar soluciones costo efectivas para mejorar la calidad de vida de los vecinos de una ciudad. Para realizar este análisis se utilizaron los datos abiertos del Gobierno de la Ciudad (BA Data) y el mencionado Atlas de Espacios Verdes. Esto significa que se puede pensar en soluciones innovadoras solo con el uso de un par de líneas de código y unas bases de datos.