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  • Primera Infancia
  • 30 de junio, 2026

El juego infantil en barrios desfavorecidos: ¿qué se puede hacer?

La posibilidad de mejorar la cantidad y calidad de espacios de juego es una medida fundamental que ha demostrado tener un gran impacto en las oportunidades de desarrollo.

El juego es una actividad central para el desarrollo de distintas capacidades. No sólo proveen entretenimiento, también impacta en las capacidades físicas, cognitivas y sociales. Sin embargo, en muchos lugares del mundo el juego está limitado. Algunos niños no tienen tantas oportunidades para jugar: tomemos por ejemplo el caso de grandes urbes superpobladas, en las que escasea el espacio público de calidad y muchas veces es un privilegio al que pueden acceder unos pocos. ¿Qué soluciones creativas pueden ofrecerse en esos casos?

El juego es esencial al desarrollo desde los primeros meses ya que contribuye al bienestar emocional, al desarrollo cognitivo y físico, además de contribuir en la esfera social. Si bien gran parte de las actividades lúdicas usualmente se asocian al hogar, a medida que el niño crece, la posibilidad de realizar actividades lúdicas en los alrededores del hogar (con los debidos cuidados) puede potenciar aún más los beneficios del juego y fortalecer los lazos comunitarios de una comunidad.

Sin embargo, en ciertos estratos sociales el juego está limitado, ya sea por un estilo de vida que deja poco tiempo libre a los padres, hasta la amenaza de la inseguridad a la hora de realizar actividades lúdicas en zonas donde la violencia es una amenaza cotidiana. Por ejemplo, Save the Children ha reportado que los niños provenientes de las familias más desfavorecidas tenían una probabilidad mucho más baja de poder jugar con sus padres o con un cuidador cuando lo comparamos con niños provenientes de familias más desfavorecidas.

En muchos hogares, ya sea por cambios en la estructura familiar (hogares monoparentales) o por labores cotidianas muy demandantes, el estrés asociado a la vida laboral, la carga mental diaria, etc. Los niños y niñas ven cómo sus tiempos de ocio y actividades de esparcimiento junto con sus cuidadores se reducen así como los beneficios asociados. Esta tendencia se profundiza aún más cuando se trata de familias que viven en barrios superpoblados o incluso en barrios cuya infraestructura pública no pone el foco en brindar espacios de esparcimiento para niños pequeños.

¿Cómo puede resolverse esa brecha de tiempo dedicado al juego entre los niños más y menos favorecidos? Más allá de lo que sucede al interior de cada familia, la posibilidad de mejorar la cantidad y calidad de espacios de juego en las cercanías de los hogares, aún en situaciones donde no se disponga de muchos recursos, es una medida fundamental que ha demostrado tener un gran impacto en las oportunidades de desarrollo.

En este artículo nos centraremos en repasar algunas iniciativas regionales que buscan recuperar espacios urbanos para generar nuevos espacios, o resignificar viejos espacios, dando lugar a nuevas oportunidades para interacciones entre comunidades y fortalecer espacios de juego.

El espacio urbano y el juego

Al momento de pensar en el juego infantil dentro de la ciudad, nos remitimos a los espacios de juego en plazas, parques y corredores, como un equipamiento que generalmente forma parte de estos espacios públicos. Sin embargo, para las infancias, cualquier lugar que ofrezca oportunidades para jugar se convierte en un entorno lúdico¹.

Mientras la mayoría de los grandes centros urbanos cuentan con una oferta aceptable de espacios de juego, en los espacios periféricos podemos encontrar otro tipo de alternativas: las calles y veredas y demás espacios no adaptados al juego de las infancias, con numerosos riesgos asociados.

Diferentes estudios² ³ muestran que la ausencia de una oferta adecuada de estos espacios en el entorno urbano, restringe oportunidades de juego seguro para los niños. Esta limitación trae una serie de efectos asociados como la reducción de la libertad de movimiento, menos instancias de vinculación con sus adultos de cercanía, así como también menos tiempo dedicado a la exploración de los mundos físicos y sociales que se generan en los espacios públicos de calidad. Esta sumatoria de fenómenos promueve el surgimiento de emociones negativas como el miedo, la ansiedad y el aislamiento.

Lo interesante de esta situación es que, si bien es deseable, no siempre es necesaria la realización de grandes obras de infraestructura pública. Diferentes intervenciones, centradas en el urbanismo táctico, crean escenarios para promover actividades lúdicas, en espacios de uso cotidiano. Acciones sobre calles y cruces peatonales, “plazas de bolsillo”, ciclovías, espacios de permanencia y sociabilidad, recuperación de flora nativa, entre otros elementos urbanos, inspirándose en la lógica del placemaking, generan entornos amigables e inclusivos para la comunidad.

Todas estas intervenciones, se caracterizan por su sencillez de aplicación, bajo costo e impulso a la participación ciudadana, mediante la definición de acciones y la apropiación comunitaria del espacio. En la siguiente sección, presentaremos algunos casos exitosos.

Desarrollo de espacios de juego en las ciudades: casos exitosos

Las siguientes intervenciones se pueden dividir de acuerdo a la temática que abordan: la intervención urbana sobre espacios de alto tránsito; la tarea de los cuidadores y la utilización de vacíos urbanos; la recuperación de patios escolares mediante la jardinería y el cultivo de productos alimenticios.

Creando espacio público accesible: Streets for Kids

El objetivo de este programa, diseñado y ejecutado por la Global Design Cities Initiative (GDCI) en Estambul (Turquía), Nuevo León (México) y Lima (Perú), es el desarrollo de espacio público orientado a las infancias, específicamente en entornos urbanos de alto tránsito peatonal y vehicular, como intersecciones, corredores escolares y espacios cercanos a avenidas.

Los profesionales de esta organización trabajaron con diferentes actores, entre ellos departamentos de transporte y movilidad urbana de los municipios, otras ONGs, profesionales locales, escuelas, asociaciones comunitarias y estudiantes, para diseñar espacios públicos y calles más seguras, atractivas y culturalmente relevantes en diversos contextos.

Considerando todas estas intervenciones, el programa ha presentado resultados sumamente positivos, entre ellos:

  • Más de 1000 m2 recuperados para un recorrido peatonal seguro.
  • Una reducción considerable (en torno al 40%) en la velocidad de los automóviles.
  • Un aumento significativo en la sensación de seguridad de los cuidadores y mayor predisposición a jugar con sus hijos en la calle.
  • Una reducción considerable del ruido urbano (en torno al 95%).

Fuente: Global Designing Cities Initiative (GDCI)

Recuperando la importancia de los cuidadores en la ciudad: Espacio UPA

En nuestro país, la Fundación Van Leer (Urban95) se propuso abordar la tarea cotidiana de los cuidadores en la ciudad, observando que los cuidadores pasan más tiempo fuera que dentro del hogar. Y cuando el espacio público se vuelve hostil a estos cuidados, se convierte en una actividad más individualizada, exigente y solitaria.

En primer lugar, se diseñó un prototipo de “mobiliario urbano pop-up amigable con la crianza” denominado UPA kits, cuya practicidad permite un transporte más fácil para los cuidadores, y que puedan ser ensamblados en pocos minutos para formar un refugio en donde se pueda amamantar, cambiar un pañal o simplemente sentarse y relajarse. Así, si múltiples cuidadores los llevan al mismo lugar, se pueden agrupar y crear un espacio para que los niños puedan jugar.

Con el objetivo de encontrar estos espacios, se realizaron una serie de reuniones con funcionarios municipales de San Miguel de Tucumán (Argentina), empresarios, ONGs, propietarios de terrenos y grupos de cuidadores, para identificar más de 500 vacíos urbanos en donde se puedan generar “microplazas” a partir de la instalación temporal de estos kits de cuidado. El resultado fue la recuperación temporal de más de 150 m2 de vacíos urbanos, en los cuales durante los siete días de intervención fueron utilizados por más de 200 personas.

Fuente: Van Leer Foundation

Reutilizando los patios traseros: School Gardening Program

El programa de creación de huertos escolares de la FAO, ha recuperado el potencial de estas intervenciones en el contexto de la importancia de una mayor seguridad alimentaria, la protección del medio ambiente, una economía local más segura y una mejor nutrición.

Hace más de 20 años, este programa contribuye a crear una propuesta curricular basada en la creación de jardines en patios de escuelas: aprender a crear estos espacios, a cultivar alimentos en ellos, cosecharlos, conservarlos y prepararlos y hacerlo con el debido respeto al medio ambiente, lo cual permite embellecer lugares y aumentar el acceso de los niños a espacios verdes, actividades al aire libre y oportunidades para jugar y aprender en la naturaleza. Asimismo, abrir estos espacios a personas interesadas y fomentar los vínculos con la comunidad.

Se han realizado numerosas intervenciones en escuelas de todo el mundo, con adaptaciones a otros espacios como universidades, vecindarios e incluso barrios vulnerables como la iniciativa “Green my favela” . Los resultados, han demostrado que puede ser una herramienta útil para recuperar y mejorar entornos urbanos de manera efectiva a bajo costo.

Fuente: FAO

La ciudad como oportunidad de juego

Los casos presentados muestran que ampliar las oportunidades de juego no depende únicamente de construir nuevos parques o grandes infraestructuras. También puede implicar mirar con otros ojos los espacios que ya existen: una calle, una vereda, un terreno vacío, un patio escolar. Cuando estas intervenciones se diseñan con evidencia, participación comunitaria y foco en las necesidades reales de las familias, pueden transformar entornos cotidianos en lugares más seguros, estimulantes y accesibles para las infancias.

Desde Fractal, creemos que este tipo de experiencias invitan a pensar la ciudad como una plataforma de oportunidades. Medir, identificar brechas y visibilizar desigualdades territoriales es un primer paso para orientar mejores decisiones públicas. Pero el desafío no termina ahí: se trata también de imaginar soluciones posibles, escalables y sensibles al contexto, que permitan que más niños y niñas —sin importar el barrio en el que vivan— tengan acceso a algo tan básico y tan poderoso como jugar.

Referencias

¹ Unicef (s,f). ¿Por qué es importante el juego en la primera infancia?
² Gill, T. (2007). No fear: Growing up in a risk averse society. Lisbon: Calouste Gulbenkian Foundation.
³ Vidler, A. (2000). Warped space: Art, architecture, and anxiety in modern culture. MIT Press.