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  • 2 de septiembre, 2025

Juventud y vacunas, el desafío pendiente

Si bien en Argentina la confianza en las vacunas es alta, se observa que los jóvenes son los que menos niveles de confianza tienen. ¿Qué desafíos para la tasa de cobertura nos depara este dato?

Solemos escuchar (y repetir) que en Argentina tenemos uno de los calendarios de vacunación más completos del mundo. Pero, ¿es cierto? Según fuentes oficiales del Ministerio de Salud, el Calendario Nacional de Vacunación (CNV) prevé más de 15 vacunas a lo largo de la vida de las personas que protegen contra 20 enfermedades inmunoprevenibles. La mayoría de estas se aplican en los primeros años de vida, pero también existen vacunas para personas gestantes, grupos de riesgo, adolescentes y personas mayores de 64 años. A todo esto se suman dos aspectos muy relevantes como son la gratuidad y obligatoriedad del CNV, lo que hace que todas las vacunas incluidas estén disponibles en todos los centros públicos de salud.

Cuando comparamos esta situación frente a otros países de Latinoamérica, vemos que efectivamente el CNV argentino se encuentra a la vanguardia. Por ejemplo, en promedio la mayoría de los países de la región incluyen vacunas contra la difteria, tétanos, coqueluche, sarampión, hepatitis B, pero no necesariamente incluyen en sus calendarios las vacunas contra HPV, meningococo o influenza estacional. Y aún más, mientras que en Argentina todas las vacunas recomendadas por el CNV se pueden conseguir de manera gratuita, en algunos países de la región hay vacunas que a pesar de ser recomendadas, no son financiadas por el estado sino que su costo debe ser cubierto por las personas.

Con este panorama, el caso argentino se sitúa por encima de la mayoría de los países de la región y en línea con países como México (esquemas que protegen contra al menos 16 enfermedades) y/o países de la OCDE, donde se cubren vacunas para entre 14 y 20 enfermedades, según el país.

El CNV y la cobertura efectiva

Ahora que sabemos que el CNV es sumamente completo, ¿qué sucede en la práctica?, ¿la mayoría de los argentinos y argentinas cumplimos con lo propuesto por el CNV? Cuando analizamos las cifras oficiales (el último reporte de parte del Ministerio de Salud nos muestra los datos de la cobertura del año 2023), encontramos que la tasa de cobertura de la mayoría de las vacunas se ubica por debajo del 90%, con algunos ejemplos preocupantes: la vacuna Triple Viral (que protege contra sarampión-rubéola-paperas) alcanza una cobertura de 80% para la primera dosis, aplicada en el primer año de vida, mientras que la cobertura de la segunda dosis, que se aplica a los cinco años, cae al 54%. Por su parte la vacuna contra la hepatitis B reportó una cobertura del 66,84% según los datos oficiales.

Para citar solo un ejemplo de las consecuencias de una baja tasa de cobertura, nos podemos remitir al Virus del Papiloma Humano (VPH), que se transmite por contacto sexual. Es un virus muy común en la población y de muy fácil transmisión. Se estima que 4 de cada 5 personas van a contraer uno o varios de los tipos de VPH en algún momento de sus vidas. El VPH es responsable de más de 500.000 casos de cáncer cada año a nivel mundial; en Argentina, 4.600 nuevas mujeres son diagnosticadas con cáncer de cuello uterino y más de 2.200 fallecen a causa de esta enfermedad anualmente. Lo que más nos interpela de esta situación es que la mayoría de estas muertes podrían ser evitadas con una mayor cobertura de esta vacuna.

Estos datos plantean un panorama preocupante, especialmente cuando se tiene en cuenta que las metas planteadas por la OMS proponen que la cobertura de todas las vacunas supere al 95% de la población. Estas metas se plantean en base a la necesidad de generar la “inmunidad de rebaño” que protege a la totalidad de la población. Para entender este concepto, imaginemos que en un lugar dado 95 de cada 100 personas se encuentran vacunadas contra determinada enfermedad. En ese contexto, el virus no encuentra suficientes personas susceptibles para propagarse, por lo que las cadenas de transmisión se cortan y se evitan brotes incluso ante la aparición de casos importados. Las tasas de cobertura por debajo de dicho umbral favorecen la aparición de brotes de ciertas enfermedades. Basta citar el ejemplo reciente del brote de sarampión que se produjo en el AMBA, en el cual en pocas semanas se produjo un aumento sostenido del número de contagios.

El rol de la confianza en las vacunas

En este punto, la pregunta es obvia: ¿por qué si tenemos uno de los calendarios de vacunación más completos, la tasa de cobertura está por debajo de lo óptimo? Desde Fractal, el laboratorio de herramientas digitales de la Fundación Bunge y Born buscamos esbozar una respuesta a esta pregunta tomando en consideración dos dimensiones: la confianza y el acceso a las vacunas. Así es como surge en 2019 el Índice de Confianza y Acceso a las Vacunas (o ICAV). A los fines de esta nota nos vamos a enfocar en la dimensión de la confianza, mientras que en próximas notas le prestaremos mayor atención a la dimensión del acceso y las barreras que enfrenta la población para llegar a las vacunas.

Para medir la confianza en las vacunas, nos basamos en el Índice de Confianza (VCI), desarrollado en 2015 por el equipo de la Dra. Heidi Larson, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. Buscamos indagar en la percepción que tienen los encuestados sobre la seguridad de las vacunas, la importancia de las vacunas para los niños, y la efectividad de las vacunas. A partir de la operacionalización estadística de las respuestas construimos un índice que va de 0 a 100, donde 100 implica confianza plena en las vacunas y 0 que la confianza en las vacunas es nula.

Si bien la relación entre confianza y vacunación no es sencilla ni lineal, es esperable que ante altos niveles de confianza las personas muestren una mayor disposición a aplicarse vacunas y cumplir con lo propuesto por el CNV. Desafortunadamente entender cuáles son los fines últimos por los cuales una persona decide vacunarse encierran una complejidad difícil de abarcar por este tipo de estudios.

La confianza en los más jóvenes

La ventaja de este índice es que permite comparar los resultados no solo entre años y mediciones, sino que también se pueden comparar los resultados entre segmentos poblacionales, por ejemplo el género, la edad, el nivel educativo, el lugar de residencia, etc.

Puntualmente nos vamos a detener en los diferentes niveles de confianza según los grupos etarios, ya que acá nos encontramos con un dato llamativo: desde 2019 hasta la última medición (realizada en 2024) vemos que los encuestados más jóvenes, es decir aquellos entre 15 y 20 años, son los que menores niveles de confianza en las vacunas presentan. ¿Por qué nos detenemos en este punto? Si bien es cierto que entre los 15 y 20 años no hay vacunas indicadas en el CNV, es esperable que estas personas en los próximos años comiencen a tener hijos que sí se tienen que vacunar.

Ahora bien, la pregunta que queríamos plantear es: ¿qué panorama nos espera en el mediano plazo, cuando los nuevos padres y madres con menores niveles de confianza, se tengan que hacer responsables del cumplimiento de los esquemas de vacunación de sus hijos? Incluso, si bien la confianza de los jóvenes en 2024 fue más baja que el resto de los segmentos etarios mostró una ligera recuperación respecto años anteriores, ¿esto quiere decir que estamos frente a una tendencia al alza? Desafortunadamente el ICAV no nos permite conocer el futuro de nuestro país. Pero como dijimos más arriba, sí nos puede ayudar a entender mejor este problema y a entender dónde hay que poner el foco atención, y ahí es donde radica la importancia de este tipo de estudios.

Existen diversas estrategias para subir los niveles de confianza de la población, pero los recursos disponibles siempre son finitos. Por este motivo conocer en qué segmentos focalizar los esfuerzos, tanto del sector público como de la sociedad civil y del sistema de salud, es un punto fundamental para comenzar a desandar el problema de la baja tasa de cobertura que afecta a nuestro país. Como nos planteamos siempre desde el equipo de Fractal, conocer la realidad es el primer paso para poder transformarla.